
Con el fin del verano y la vuelta a la rutina llamando a la puerta, es habitual que el cambio de horarios y reinicio de responsabilidades puedan generar episodios de estrés. Frente a esta realidad, así como a la cultura de la inmediatez y la prisa que a menudo impera en nuestro día a día, los expertos proponen una alternativa: aprender a “bajar el ritmo”.
Eso sí, bajar el ritmo no es sinónimo de inactividad o de no hacer nada. Se trata de adoptar un enfoque integral que encaja con nuestro estilo de vida mediterráneo a través de tres pilares esenciales:
1. El valor de las pequeñas pausas. Vivir acelerados de forma continua tiene un impacto directo en nuestro sistema inmunológico. Para contrarrestarlo, la incorporación de pausas regulares contribuye a reducir los niveles de cortisol y facilita la recuperación de energía. Dar un breve paseo, leer un rato o, simplemente, desconectar un momento de las pantallas son pequeños gestos que ayudan a mantener nuestro equilibrio interno.
2. La mesa compartida como «ecosistema de bienestar». En nuestra cultura mediterránea, sentarse a la mesa trasciende el mero hecho de alimentarse; es un evento social. Tal y como indica José Antonio López-Moreno, profesor del departamento de Psicobiología y Metodología en Ciencias del Comportamiento de la Universidad Complutense de Madrid, priorizar las pausas y las comidas compartidas no constituye un lujo, sino una necesidad biológica y psicológica. La mesa compartida se convierte así en un ecosistema de bienestar y una herramienta para fortalecer nuestros lazos, liberar tensiones y disfrutar de la compañía.
3. El disfrute consciente y nuestro entorno social. Investigaciones recientes, como el estudio “Adherence to the Mediterranean Diet, emotional well-being and lifestyle patterns in Spain” (publicado en la revista Preventive Medicine Reports), refuerzas la idea de prestar atención plena a los pequeños momentos de ocio compartido y gastronomía. Y en este patrón de la Dieta Mediterránea, es posible la inclusión de bebidas fermentadas, como la cerveza, de forma convival. Eso sí, los expertos nos recuerdan que este consumo debe hacerse de forma muy concreta: de manera consciente, pausada, en compañía y siempre acompañando a otros alimentos.
En definitiva, aprender a bajar el ritmo, priorizando la compañía y saboreando cada momento de forma consciente, es la mejor estrategia para estirar los beneficios y el bienestar del verano durante los 12 meses del año.